12/25/2010

Yo quería una muñeca.




¿Dónde va todo lo que no metemos en la maleta?





"Cuando llegue la hora de mi muerte, no sentiré haber vivido en vano. Habré visto los crepúsculos rojos de la tarde, el rocío de la mañana y la nieve brillando bajo los rayos del sol universal; habré olido la lluvia después de la sequía y habré oído el Atlántico tormentoso batir contra las costas graníticas de Cornualles."
(Bertrand Russell)


12/20/2010

La llave extraviada del cajón de-sastre.



Querida Yo,
¿Estás viva? ¿Me escuchas? Llevo un par de meses en los que estoy soñando por las noches, incluso a horas del mediodía cuando me dedico a coser los agujeros entre mis dedos y los ojos se cierran lacrados del rojo intenso de un cuerpo que aprieta. He vuelto a soñar.
Fue el brillo efímero de esa nostalgia, la noche en la que conducía por Madrid, lo que me llevó a olvidar que del cielo podría caer agua, o viento, o ira; pero aún así me acordé que abandonar la carta tropecientosmil  a su suerte haría que llegase seguro a alguna isla de piratas, de esas que tanto me gustaban cuando era pequeña.

Como desapareces y vuelves a aparecer. Como puedes ser y nunca estar. Como no pasa el tiempo pero te veo mayor. Y cuando tienes que mentirle al miedo, ¿qué le dices?

Nació en el eje de la punta de mi nariz de manera que no pudiera enfocarle ni aunque quisiera y, como la energía, saltó de lunar en lunar transformándose mientras dilataba los ejes de mi tiempo y las comisuras de mi sonrisa. En un beso robado rodeado de mil personas que no existían se desnudó sin que ni la mirada le delatase y se coló en el asiento del copiloto a modo de cuerda de guitarra para entonar alguna sinfonía. Se acostumbró. Sí, lo hizo. Se acostumbró a ser ese punto y final de todas las frases que me callaba para él.

La sensación de encontrarse prisionera de algo que te envolviese cada vez más deprisa fue aguda todas las mañanas, por eso salía de la cama despedida y no volvía hasta horas como éstas en las que te vuelvo a escribir. 
Deberías sentirte traicionada. 





"Todo el mundo me ha odiado, ese es el primer recuerdo que tengo. La gente miraba mi cara y mi cuerpo y huían aterrorizados. En mi soledad decidí que si no podía inspirar amor, mi más profunda esperanza, causaría miedo. Vivo porque este pobre genio medio loco me ha dado vida. Él solo construyó una imagen de mí como algo hermoso y entonces, cuando podría haber sido suficientemente fácil como para estar fuera de peligro, usó su propio cuerpo como conejillo de indias para darme un cerebro más calmado y alguna manera más sofisticada para poder expresarme"
(The monster in Young Frankenstein - Peter Boyle)

12/14/2010

En mi Universo no hay cuerpos, ni mundo, ni cuevas. Sólo agua. Y tiembla.







-¿Qué haces beautiful?
-Con este sol la playa está vacía.
-¿No sabes que está prohibido leer diarios de otras personas?
-Teo, mi amor, no existe. ¿Puedes encender la chimenea?
-Demos un paseo en bici Lía.
-Sí, mejor. Los perros vuelven a tener hambre. 











"Es como la marea, ¿sabe usted? —decía, ido— La barbarie, digo. Se va y uno se cree a salvo, pero siempre vuelve, siempre vuelve… y nos ahoga. Yo lo veo todos los días en el instituto. Válgame Dios. Simios es lo que llegan a las aulas. Darwin era un soñador, se lo aseguro. Ni evolución ni niño muerto. Por cada uno que razona, tengo que lidiar con nueve orangutanes."
(La Sombra del Viento - Carlos Ruiz Zafón)


12/11/2010

Cambio responsabilidad contra terceros por seguro hasta para el color del pelo.



El mar estaba furioso, nunca había paseado por la bahía con un nordeste tan impetuoso: la daga en alza, esmoquin y bigote atornillado. La gente que pasaba a su alrededor, como ella, se cubría la cara con amplias bufandas de colores muertos mientras las coletas de sus abrigos se separaban de las formas. Todavía no había comenzado a llover, como lo hizo la noche anterior, pero ya se auguraba el principio de un otoño que se asemejaba al del '35.
Entró por una puerta escondida entre los soportales de granito y subió unas angostas escaleras de madera que crujían a modo de alarma anti-intrusos: -Eres la última. Por favor, siéntate. - le dijo el hombre de chaqueta que había en el centro de la habitación.
El lugar era frío, las paredes estaban vacías y lo único que funcionaba era una pequeña salida de llamas con cuatro palos que intentaban abrazar a las catorce o quince personas que en forma de círculo se sentaban sobre unas sillas cochambrosas.
-Lo dejamos, no hay dinero, ni fuerza y nos estamos quedando sin suficientes hombres, han abandonado todos. Allan y Marteen ya han vuelto a Berlín y Lidia está en el tren hacia casa de sus padres.
Jen se quedó en la misma posición. Llevaba tres años en ese pueblo. Intentó abrir la boca pero la frenaron antes de que dijera nada: -Jen, deja de soñar, aquí nadie quiere hacer nada. No se puede luchar contra algo que nadie quiere pero que acepta.
La sala se vació. Años más tarde encontraron lo que quedaba del dinero del alcalde. Se cayó al agua una noche de tormenta.





"-Me importa- repuso Clary. - Yo no soy Jace.
-Nadie lo es. Y me da la sensación de que èl lo sabe.
-¿Qué se supone que significa eso? 
-Ah, ya sabes. Jace me recuerda a un antiguo novio mío. Algunos tíos te miran como si quisiesen acostarse contigo. En cambio, Jace te mira como si ya lo hubiesen hecho y hubiese sido genial."
(Cazadores de Sombras)

12/01/2010

La cornamusa non suona mai se non ha il ventre pieno




Cécile Bourdet era una de esas personas enteramente imposibles.  De complexión extremadamente delgada, pelo lacio  y unos dedos sibilantes que temblaban acorde a los taxis que perdía cada vez que no gritaba.
Así comenzó su amistad. Aquellos días amenazaban con la llegada de la primavera pero el viento era todavía demasiado frío como para que las hojas volviesen a trepar hacia los árboles y el sol demasiado tímido como para enfriár los tés de las cafeterías del centro.
Cécile era una máquina memorística que había llegado desde Poitiers hacía apenas un año.
-¡Oh! ¡Mira Cécile! - al fondo de la calle, desde el número 26, salía un hombre con chistera y levita cargando un mono en su hombro derecho - Hace siglos que no voy al zoológico, he de llevarte.
La boca pequeña esbozó una tímida sonrisa.
-Sólo las blancas, aquí sólo se pueden pisar las blancas. ¿Es que en Francia no os gusta el chocolate? - Alicia, con un gorro rojo y bufanda a cuadros, siguió saltando por el paso de cebra. -Si pisas las negras dicen que no saben hasta dónde hundirás la rodilla...










"El pasado es lo que recuerdas, lo que imaginas recordar, lo que te convences en recordar, o lo que pretendes recordar."
(Harold Pinter)

11/23/2010

O'clock.









-Coño, eres insufrible, de verdad. Cuando te pones en este plan no hay quien te aguante, chata.
-¿En qué plan Ál?
-En el que son siempre las siete en punto y llegas tarde otra vez.
-Banal. ¿Tienes un boli?
-Toma. Pero no tengo tipex así que con cuidado.
-Sí, eso se te da mejor, anda. 
-¿El qué?
-Nada.
-Venga, ¿El qué se me da mejor?
-Nada. Es que me transformé en Baloo y no conseguí convertir los lápices en suficientes plátanos....










Ivy Walker: Cuando estemos casados ¿bailarás conmigo? El bailar me parece bastante correcto. ¿Por qué no puedes decir lo que está en tu cabeza?
Lucius Hunt: ¿Por qué no puedes dejar de decir lo que hay en la tuya? ¿Por qué tienes que dirigir cuando yo también quiero dirigir? Si quiero bailar te pediré que bailemos. Si quiero hablar abriré mi boca y hablaré. Todos me piden que hable un poco más. ¿Por qué? ¿Qué bien haría si te digo que estás en cada pensamiento que tengo desde que despierto por las mañanas? ¿Qué bien haría si digo que a veces no puedo pensar con claridad ni hacer bien mi trabajo? ¿Qué provecho saldría si te dijera que sólo tengo miedo como los demás cuando pienso que algo puede lastimarte? Por eso estoy aquí sentado Ivy Walker. Temo por tu seguridad antes que la de los demás. Y sí, bailaré contigo en nuestra boda.
(El Bosque)

11/22/2010

Se disfrazó de Wally y se pintó las gafas.







Los alrededores de Villa Jacinta presumían por todos los campos verdes y los viejos eucaliptus que acompañaban a algunas vacas que pastaban tranquilas. El tiempo clareaba a medida que avanzaba la tarde y el coche en el que iban La Chica del Corazón Grande y su padre zigzagueaba por la carretera de montaña: a su izquierda el valle más enorme que jamás había visto y dentro de él un pequeño pueblecito cubierto de una niebla que parecía que nunca se esfumaría del lugar.
Al atravesar la verja de la entrada, a un par de kilómetros de la casa, ella se quitó el cinturón mientras seguía apoyada en la ventana sin dirigir ni una mirada al piloto. -Esto te va a gustar, ya verás - le dijo mientras recorrían el camino de piedra.
El coche se paró enfrente de la puerta principal, el señor Digby los estaba esperando vestido con un traje gris completamente impoluto y unos zapatos negros que reflejaban los pocos rayos de sol que llegaban.
La chica, de unos 55 kilos y 1,68 de estatura, cogió su maleta y, sin soltarla, hizo un corto gesto de adiós y se giró hacia la casa siguiendo los pasos del mayordomo.
Antes de subir el último escalón trató de volver hacia atrás. -Tengo muchas cosas que hacer cariño. - le dio un abrazo y la arreó hacia la escalinata otra vez.
La Chica del Corazón Grande se quedaría allí el resto del invierno, quizá, con suerte, volvería para celebrar su cumpleaños.








I came here tonight because when you realize you want to spend the rest of your life with somebody, 
you want the rest of your life to start as soon as possible.
(When harry met sally)

11/11/2010

Mi rock&roll engalanado.


Dejé de deshojar Margaritas porque me sopló en la cara un Diente de León.







"No estaba preparada en absoluto, pensaría que después de todas las horas que había pasado con Gale sabría todo lo que había que saber sobre sus labios. Pero no me había imaginado qué cálidos se sentirían presionados contra los míos. O cómo esas manos, que podrían preparar la más intrincada de las trampas, podían atraparme con la misma facilidad."
(Los juegos del hambre)

11/10/2010

Un Cambio, Dos Cambios, Tres Vueltas a lo Mismo....





Olerá a café. Olerá y ese día pensará en ella, aunque no quiera. 

Cuando se despertó la cama ya estaba vacía, hizo un leve gesto para ver si encontraba alguna nota sobre la mesilla pero cuando se levantó de la cama no había ni rastro de la noche anterior, sólo quedaban algunas gotas de whisky en la última copa y sus pantalones todavía tirados encima de la mesa del comedor.
Hizo un amago de afeitarse; el espejo estaba más turbio que nunca, la imagen cada día menos nítida de aquel Don Juan se escondía entre las colillas que mataba por doquier.
Se ató la toalla blanca a la cintura y dejó el agua de la ducha correr. El vaho comenzó a llenar la habitación y un perfume azaharoso entibió el ambiente evitando que los rayos llegasen desde la Antártida.

-Buenos días Jack - le dijo su secretaría al llegar a la oficina.
-Coca-Cola Jen, cien litros de Coca-Cola por favor- le dijo él sin parar ni un segundo a mirarla. Entró y se sentó en el sillón que le había comprado ella unos meses antes del divorcio. No había hijos.

Jack se dedicaba a concertar citas sin exclusividad, una situación totalmente aceptable de no ser porque la mayoría de las veces era él el que terminaba enredado entre batas de seda y tacones de ocho centímetros.

Llegó la bebida. Con ella las veinte visitas fechadas para ese día y una sonrisa de caramelo que no paraba de latir en cuanto él pisaba la moqueta gris marengo. Pero de eso, había estado demasiado ocupado para darse cuenta. 



La felicidad es inversamente proporcional a la inteligencia. ¡Incluso he trazado un gráfico! Me gustan mucho los gráficos.
(Lisa Simpson)

11/05/2010

La mano maestra desaparece al mirar a la izquierda.





Siempre había sido una de esas personas que había permanecido abrochada al botón de su hígado desde que entró en su vida, cuando eran apenas dos niños que se divertían lanzando barro los sábados por la tarde.
Moira ya tenía unos cuantos años más, él siempre había sido un par de años mayor que ella. 
Su jersey rosa de mangas largas y cuerpos anchos bailaba cuando el viento recorría la calle por la que ella paseaba, eran las seis de la tarde y no quedaba ni una gota de luz por el centro de Madrid.
Llevaba puesto un gorro del mismo color y la bufanda cruda de lana marcaba mucho más claramente las gotas que caían de sus lacrimales cuando por culpa de sus bailarinas negras el frío la hacía temblar.
-¿Qué tal estás señorita? - le habló súbitamente, sabía que era su voz porque se acordaba perfectamente de todos los ratos libres que había pasado en su casa cuando él estaba solo.
-¡Ostrás! - ella se quedo ojiplática. Muda. Incapaz de mover ni el dedo izquierdo del pie ni de respirar otra vez.
-Sólo han pasado seis años mujer.
-Todavía me acuerdo de los moratones que me hacías en los brazos cuando jugábamos. - intentó incorporarse para darle un abrazo, seguía oliendo a él.
-Incapaz de decirte que me gustabas... Así cada vez que mirases tu brazo te acordarías de mi. - le dijo él cauteloso.
Moira estaba allí, sentada en el primer banco que había encontrado mientras un nudo en el estómago le hacía preguntarse todos los viajes que no había hecho.
Payaso! - creo que le dijo eso porque nunca había aceptado que a ella también le hubiese gustado besarle en algún escondite perdido - Pues te he echado un montón de menos....






"Aquí. Trepado en la cima de la nada de pronto recibo la llamada de la muerte. Que por demás me avisa pasajera que no es nada. Nada más que la ausencia de la nada. Nada más que la ausencia de la misma palabra. Nada más y simplemente que la nada."
(Giannina Braschi -El imperio de los sueños.)


11/02/2010

Filosofía de un callejón. ¿Alguién se lo ha dicho?



Solo que después, esa era únicamente la pregunta a una respuesta que exigía que ni siquiera se intentase contestar. Pensé: Mierda, otra vez. No me acordaba que fue así. Tal cual.
En ese exacto momento, con la mano izquierda en la que tenía tres o cuatro pulseras de cuero y un par de gomas de colores, di un golpe seco sobre el vidrio que cubría la mesa roja. Dejé el portaminas, me desaté el pelo que cayó a lo largo de mi espalda reflejando una melena ondulada que ya llegaba a la altura de la cintura, cogí el teléfono y pude ver tres mensajes de hacía más de cinco horas. Leí el primero. El segundo y el tercero se quedaron allí petrificados para la próxima incursión a la nevera.
El cuarto estaba frío, ya no quedaba luz y a través de las persianas podía vislumbrar algunas siluetas tocadas por las cuatro farolas que adornaban la penumbra de una calle de un sólo sentido.
Está bien, -me dijo.
Está bien, -le contesté.
Cuando levanté el puño la última mosca del verano de hace cinco años estaba boca arriba marcando su forma sobre un folio que había caído allí por casualidad.
Se había enfadado. Se había enfadado muchísimo cuando le di los motivos por los que no me sentía capaz de seguir escribiendo.
La camiseta blanca que me cubría hasta el comienzo de las piernas, una talla XXL, estaba manchada con las notas de aquella tortilla que había puesto en su bocadillo el día anterior. Las ojeras no eran por culpa de no visitar la cama.
Cuando alcé la cabeza para ver qué querían mis pájaros intenté escribir más de dos páginas seguidas.
Quizá era todo culpa de eso, de dos páginas.




"No fue lo que ví lo que me paró, fue lo que no vi.... Sí, lo que no vi...
¿Entiendes? Lo que no ví..."
(Alessandro Baricco - Novecento)

10/26/2010

00.30 abrazado a tres almohadas.







Por saber, sabía que si se rompiese una costilla tendría el ángulo adecuado para atravesar perfectamente su pulmón y dejarla sin respirar durante al menos una eternidad.
Por saber, sabía que esa mañana no había sido demasiado fría y que la tarde había dejado de existir a eso de las siete.
Pero Clara, sin saber ni siquiera cómo guardar la ropa, tenía unas piernas fuertes y preparadas para marcarse un sprint por toda la Castellana; al Chico Guapo siempre le habían gustado, por sus gemelos curvilíneos y sus abductores marcados.
-¿Duele?
-Revienta. – y le coge de la mano mientras se retuerce.
Él la mira desde su silla, las sábanas blancas de la cama se tintan de rojo en un giro desprevenido. Su pelo lacio cae junto a la vía de su brazo derecho. Se ríe de ella, la roba una sonrisa en su aliento y le dice que piensa devolvérsela.
Se vuelve a retorcer. Le aprieta más fuerte.
-¿Estás bien?
- Nodejesdeescribirmenunca. 



"El odio es una sombra negra y alargada. En muchos casos, ni siquiera quien lo siente sabe de dónde le viene. Es un arma de doble filo. Al mismo tiempo que herimos al contrincante nos herimos a nosotros mismos. Cuanto mas grave es la herida que le infligimos, mas grave es la nuestra. El odio es muy peligroso. Y, una vez que ha arraigado en nuestro corazón, extirparlo es una tarea titánica."
(Hakuri Murakami)

10/19/2010

¿Para cenar? Espinas y un poco de ron.






Llevaba los mofletes colorados y un gorro a rayas, naranja y verde pito, mientras conducía entre los árboles hacia algún sitio que las gotas de lluvia no le permitían recordar. En su Opel Corsa negro, de cristales tintados, que tanto le recordaba a Ric, quizá porque fue allí donde se despidieron la última vez. En el maletero, siempre lleno de relojes y cuchillos, cargaban dos cajas recién llegadas de más allá, sólo faltaba por llegar la última maleta amarillo limón repleta de muñecas entre bambalinas y cajas de música.
Buenos días para los males de ojo.
-Mon, ¿Cómo vas? – la melodía del despertador de después de la siesta pone en marcha el manos libres.
-Hola Ric, estoy llegando. ¿Tú?
-Te espero en la barandilla.
Suena un clic y se corta la llamada. Se desvía, aparca el coche sobre un paso de cebra y le tapa los ojos desde atrás.
-¡Pide un deseo!-le dice dándole un beso en la mejilla derecha.
Cuando se gira puede ver que su nariz está roja, azotada por el frío, pero que sigue teniendo el mismo tamaño pequeño y rechonchito que siempre. Sus hoyuelos igual de marcados. Él había pensado que igual ella ya no quería patinar después de todas las palomas que le había mandado en los últimos quince días. Se había olvidado de los juanetes de sus pies y los dientes de oro en su estómago.
-¿Te arrepientes?
-He cambiado el color del cristal con el que mirarlo. Y sí, aunque tú te asustaras cuando te dije que no sabía si todo iba a seguir igual.
-No puedo decirte si has hecho bien o mal.
-Por eso he venido. No necesito que nadie más me diga lo que tengo que hacer, nadie puede entender lo que hay dentro. Algunos te acompañarán, otros seguirán enfrascados en ellos mismos. Y mientras tanto tú tienes que sacar la vida de detrás de las esquinas.





"Mira, gorgoteó la Morla, somos viejas, pequeño, demasiado viejas y hemos vivido bastante. Hemos vivido demasiado. Para quien sabe tanto como nosotras nada es importante ya. Todo se repite eternamente: el día y la noche, el verano y el invierno.. el mundo está vacío y no tiene sentido. Todo se mueve en círculos. Lo que aparece debe desaparecer y lo que nace debe morir. Todo pasa: el bien y el mal, la estupidez y la sabiduría, la belleza y la fealdad. Todo está vacío. Nada es verdad. Nada es importante."
(La historia interminable)

10/18/2010

6 letras y de nuevo en Madrid




¿Y qué pasó con la electricidad de sus ojos? 






Todo se puede hacer, es sólo cuestión de atreverse a ello o no.
(Las luces de Septimebre - Carlos Ruiz Zafón)





10/11/2010

Los detalles son siempre vulgares.



-Todavía hay algo de usted que desconozco.
-¿Algo?
-Sí, la tengo como alguien audaz.
-Que vaya por delante no significa que no tenga corazón Señor Bambalina.
-¿Duele?
-Los dientes seguro; lleva ya cinco cucharadas de azúcar en el té.


"Sólo la gente superficial necesita años para deshacerse de una emoción. Un hombre que sea dueño de sí mismo puede acabar con una pena con tanta facilidad como puede inventar un placer".
(El Retrato de Dorian Gray - Oscar Wilde)

10/07/2010

Tengo un vecino saxofonista.



Hay veces que esos diez minutos de despertador más, que se acaban convirtiendo en tres horas, hacen que sólo el cansancio lacre más tus ojeras y tus pies se vuelvan de hielo al meterse en la cama otra vez esa noche. Hablar de Moira hoy explicaría cómo ella caminaba con el ordenador en el bolso por Albion Street buscando una pieza de fruta para cenar esa tarde mientras intentaba regular la ducha que le habían dicho que sólo servía para lavarse el pelo, o muy fría o muy caliente.
Llevaba unos pantalones beige y sus bailarinas a rayas negras y marrones, con su moño en la cabeza por el que la conocían desde que iba a ese colegio del centro de Madrid.
Había veces en las que Moira sentía que caminaba por terreno fangoso sin tener a nadie que pudiese tirar de ella si entraba en arenas movedizas.
Angie se escudó diciéndola que“A veces el corazón tiene razones que la razón no entiende”, y ella sólo pensó en cuando tuvo que arrancarse el corazón a mordiscos.
 Pero supo que no podía hacer nada, que era así, que nos rajamos las rodillas esperando a que alguien pueda querernos por misericordia y nos engañamos cuando en el fondo sabemos que cuando ese alguien llega inunda tu vida. Y no hay que pedir favores. Ni te quieros. Ni abrazos. 




"¿Qué son cuatro paredes?... Son lo que contienen, la casa protege a los soñadores. Pueden suceder cosas realmente buenas, incluso después de mucho tiempo, y es una gran sorpresa "
(Bajo el sol de la Toscana)

9/30/2010

(Z) de Zero o de Zola.


Jen no se había imaginado que en Helsinki el sol siguiese en pie a las cuatro de la tarde, tampoco se había imaginado verlo aparecer en esas tres semanas de trabajo que tenía allí. Le habían dicho que allí sólo había nieve.
Su jefe, un chico de unos cuarenta años en buena forma física, moreno y guapete, la había acompañado  para terminar la fusión con una de las compañías líderes de Escandinavia. Su plumífero rojo hasta las rodillas era todavía demasiado gordo para las bajas temperaturas del áun veraniego septiembre, alrededor de la ciudad los pastos estaban verdes y los ríos hacían eco a su paso por las cascadas.
Al llegar al hotel aquella noche, en su habitación de paredes grises y cojines adamascados, se había encontrado a una mujer menuda deshaciendo su cama y de la que pudo entender las cuatro palabras en finés que le habían intentado enseñar en un curso express. Se desnudó completamente y se tiró encima del sofá que tenía delante de una mesita de cristal, sobre ella sólo resbalaba la bata de seda rosa palo que marcaba cada una de sus curvas.
Vio cómo se comía el mundo.
Ahora.
Se quedó dormida. Aprovechaba para saltar océanos de un solo paso con esa estabilidad emocional tan envidiada. ¿Tratando de convertirse en eso que siempre había anhelado? Un día soño qué era lo que realmente quería ser, pero se levantó sólo sabiendo en lo que no le gustaría volverse, no sabía que tenía ya bastante ganado.
Ahora.
Porque mañana, igual, volverá a caer. Porque el globo aerostático en el que viaja puede desincharse de un momento a otro. Y en ese instante, si consigue tener más amigos que su espejo ya será afortunada, porque aunque el ego sea un importante compañero no hace nunca de suficiente sustento.
Ahora. 

Algunos científicos argumentan que, debido a su abundancia, el hidrógeno es el bloque básico con el que el universo está construido. Estoy en desacuerdo. Pienso que hay mucha más estupidez que hidrógeno, y que por lo tanto la estupidez es el bloque básico con el que el universo está construido".
(Frank Zappa)

9/29/2010

French for beginners.


Lía caminaba perdida por los entresijos de los nuevos edificios que la rodeaban, el paso era firme y la mirada estaba obstruida por unas pupilas tan dilatadas que sólo la llevaban a los momentos en los que cerraba los ojos. Los edificios eran tan distintos que formaban un collage incongruente sobre una pared blanca: a su derecha uno de cristales, a la izquierda Michael Sadler de los años sesenta y enfrente una antigua iglesia de piedra arreglada con un cartel de verde de letras blancas. Workshop Theatre.
Podía notar las primeras gotas de lluvia cayendo sobre la trenza que llevaba y sus converse plateadas.
-¿Por qué cierras los ojos? – le preguntó Teo acercándose por detrás.
-Para que los relojes no existan y bailar con el viento. – le contestó ella sonriendo, como si llevara siglos sin verle.
-¿Qué más ves cuándo los cierras?
-Me cuelo en un libro de Pirandello, me baño en una tormenta de verano y Cezanne me acaba de retratar. Desayuno merengues de fresa, nado a través de ríos de perlas y Alejandro Sanz me escribe una canción. Cada vez que cierro los ojos corro por un túnel con la policía persiguiéndome y, cada vez que lo hago, me abrazas en el sofá después de cenar.
Sigue caminando recta y cruza el paso de cebra en rojo, se gira hacia atrás pero él ya ha desparecido. Ha tenido demasiado tiempo los ojos abiertos. 




“Nuestro drama en la tierra es que la vida, sometida a la atracción del cielo, nos impide corregir los errores de la víspera, como la marea en la arena lo borra todo en su retorno” 
(François Bizot)
 

9/27/2010

179 Belle Vue Road




Intento teclear la ñ en este teclado que tengo delante y, al igual que las tildes, el cielo gris de fuera y el manojo de llaves que tengo en mi bolsillo derecho me impiden poder seguir levanta'ndome todos los di'as con un baile de pies entre las sa'banas.
Y puede que sea uno de esos di'as en los que se necesita un abrazo, un abrazo de urgencias que haga parecer que todo va a ir bien, aunque sea mentira.



Hoy es siempre todavi'a.
(Antonio Machado)

9/20/2010

(Y) de ¿Y? o de Ygnorante.


-¿Te han contado lo que les pasa a los mayores?
-No, ¿es grave?
-Bueno..... sí, yo creo que sí.
-Anda venga, cuéntame.
-Nada, que dicen que cuando te haces mayor dejas de jugar a cosas divertidas.
-¿Ya no se tiran en tobogán?
-No, ni tampoco juegan al escondite ni saltan a la comba.
-¡Ah!....Lo que a mi me habían dicho es que.... cuando te haces mayor.... dejas de ver las cosas bonitas...
-Y nosotros.... ¿Nosotros nos vamos a hacer mayores?



"Los pensamientos que acuden a mi mente cuando corro se parecen a las nubes del cielo. Nubes de diversas formas y tamaños. Nubes que vienen y se van. Pero el cielo siempre es el cielo. Las nubes son sólo meras invitadas. Algo que pasa de largo y se dispersa. Y sólo queda el cielo. El cielo es algo que al tiempo que existe, no existe. Algo material, y a la vez, inmaterial. Y a nosotros no nos queda sino aceptar la existencia de ese inmenso recipiente tal cual es e intentar ir asimilándola.
(...)
Mientras corro, tal vez piense en los ríos. Tal vez piense en las nubes. Pero, en sustancia, no pienso en nada. Simplemente sigo corriendo en medio de ese silencio que añoraba, en medio de ese coqueto y artesanal vacío. Es realmente estupendo. Digan lo que digan."
(Marathon Man- Haruki Murakami)

9/18/2010

(X) de X-Ray o de XXL



En la calle ya hacía frío, el verano, compañero de largos paseos a la orilla de nuevos ríos, se quedaba atrás cerrando una cremallera rosa fucsia.
Los personajes, de los que ya no recuerdo sus nombres, habían decidido no volverse a encontrar desde lo ocurrido en la vieja droguería de Lavapiés y desde entonces no se habían visto obligados a compartir metros cuadrados.
Aquel día, de casualidad, llegaron a parar al salón de ese piso de dos habitaciones, con polvo chorreando por las paredes, una única luz que cubría la mesa y ocho sillas de rejilla cascadas por unas termitas que nunca habían sido perseguidas.
Uno de ellos, sentado de espaldas a la puerta, tenía pareja de ases.
En la mesa: pareja de reyes y un as.
All in.
El otro, justo al otro lado de la mesa, no iba a ver sus cartas.
All in.
Y el mundo, y su vida transformada en pompa de jabón, podría explotar en cualquier momento.



Y nunca volverá a verlo, la ingeniería genética del siglo XXI no sólo acabará con los hermanos siameses y las personas con piel de cocodrilo, sino que costará encontrar gente con frente estrecha o pómulos poco pronunciados...Yo he visto el futuro, y es igual que él.(Señala a Mulder). Imagínese ir por la vida con ese aspecto, por eso fenómenos como yo o como el Enigma debemos servir de recordatorio a las personas...La naturaleza aborrece la normalidad...y...¿sabe por qué?...No...Yo tampoco lo sé. Es un misterio. 
(X-files)

9/13/2010

(U) de Uterqüe o de Un, Dos, Tres...



El día que me muera. Sí, el día que me muera. 
Hoy he encontrado en una caja abandonada del trastero la fotografía de mi grupo del colegio, una agenda a colores y un trozo de tela rasgado por los ratones.
Me llamaron Clara cuando nací, dicen que fue decisión de mi padre, que mi madre me quería llamar Fernando pero realmente nunca me ha interesado. 
Cuando llegue ese día no quiero flores de temporada, sólo margaritas blancas. Tampoco lamentaciones póstumas ni excusas fuera de tiesto.
Me pongo faldas azul turquesa, pantalones bombachos y trajes de corbata.
No habrá luto ni anotaciones al margen o al dorso y tampoco querré corazones en conserva y lágrimas desmedidas. Se escribirá sobre el granito negro sólo una letra y en minúsculo y quizá a ras del suelo algo que diga que la vida no es una máquina expendedora en la que introduces virtud y recibes felicidad.
Me gustan las gafas de sol y los sombreros, el Prado y la Ópera de Viena, una vez le hice una foto a una farola en la esquina y acompañé a casa a forajidos desde la Puerta de Alcalá.
Quien se quede, si se queda, se quedará con las respuestas tardías recién descongeladas, pues tampoco las querré, y con los perdones contrarrembolso o las visitas sorpresa.
No te preguntes entonces lo que quisiste hacer o decir. No importará. 
El día que me muera simplemente no estaré. Y la vida seguirá. 
Ynadahabrácambiado.




"Ni, pues, el anhelo vital de inmortalidad humana halla confirmación racional, ni tampoco la razón nos da aliciente y consuelo de vida y verdadera finalidad a ésta. Mas he aquí que en el fondo del abismo se encuentran la desesperación sentimental y volitiva y el escepticismo racional frente a frente, y se abrazan como hermanos. Y va a ser de este abrazo, un abrazo trágico, es decir, entrañadamente amoroso de donde va a brotar el manantial de la vida, de una vida seria y terrible."
(Miguel de Unamuno)

9/11/2010

La traición de los post-its en la ventana.



-¿Sabes, Ál? No dejo de pensar en el otro día, cuando me acompañaste al hospital.
Monipenny tenía los labios pintados de rojo y un moño en la cabeza. Llevaba unos pantalones vaqueros color cris marengo, rajados por las rodillas, una camiseta de tirantes y su cazadora blanca. En los pies, con las uñas recién maquilladas con brillo, unas cuñas de tiras negras que la levantaban ocho centímetros más del suelo. 
Estaban sentados sobre el verde, cerca del lago del parque donde el sol ya no apretaba tanto y la gente remaba en sus barcas. De Álvaro, en cambio, sólo se podían ver sus ojos color amanecer en verano, transparentes como el trigo de los campos en invierno. 
Apoyó suavemente su espalda sobre el tronco del árbol que tenía detrás.
-Cuando entré en aquella habitación, al otro lado, sentí cómo un temblor de certeza me recorría el pecho, cómo carcomía mi estómago e inundaba mis pulmones. - le dijo ella sin dejar de mirar las hojas que le tapaban las nubes - El cristal reconvertido en piedras, la necesidad en distancia. 
A veces le daba la impresión de que él no la escuchaba mientras ella intentaba intoxicarle con sus mecheros de alientos contrarreloj, que se le escapaba dentro de su enorme mundo de laberintos ya resueltos. 
Intentó seguir.
-Me senté al borde de esa cama y sus ojos miraban más allá de los míos, como si no existiera, traspasándome sin notar mi presencia, ajenos a mi tacto, a mis señales en vano por traerlos de vuelta. - hubo un silencio, ella movió el cuello y pudo vislumbrar su silueta marcada contra la tierra - Entre sus labios, pálidos y raídos, todavía se bordaba un halo abatido de existencia. Tenía el pulso dispar, ahogado, conteniendo grietas. 
Él, a las dos en punto exactas, se puso de pie y la agarró de la mano para levantarla. Le dijo que no pensara más en ello.
Cuando se despidió de ella, en el portal de su casa, sólo le dijo: -Dicen que enfermó de agotamiento. 
Mónica, con la llave ya metida dentro de la cerradura, se giró para mirarle por última vez. Abrió la puerta.
-Yo sigo creyendo que lo hizo por desencanto.





El desengaño es la ira de los blandos. 
(House)

9/05/2010

(Q) de Quizá o de Don Quijote.





La tarde intuía aires de otoño pero las hojas todavía no se dejaban calcar en las alcantarillas de los pequeños entresijos de La Latina. En la Plaza de la Paja, con unos pantalones vaqueros rasgados y deshilachados y una bandolera color café, Laura encontró a Cati con un tinto de verano sobre la mesa de metal y un cigarrillo en la boca mientras leía algo de Kafka.
-Hola, Cati. - le dijo estando todavía de pie.
En un gesto demasiado pausado ella movió su brazo y apoyó la última calada de su pitillo en el cenicero de cristal transparente. Había dejado la cama sin hacer por la mañana y la taza de té a medio tomar al borde de la bañera; el pelo se lo había anudado con un lapicero viejo y sólo había pintado sus uñas de color rojo.
-¿Cómo estás? - le contestó ella haciendo un gesto de afirmación; no creía que se la pudiera encontrar después de tantos meses sin dirigirse más que algún mensaje de texto por confusión.
-¿Bien y tú?
-Cansada de sonreírte los seis días de la semana y de que seas una mentira envuelta en un albornoz naranja fosforito. 
Laura se quedó inmóvil, consciente de haberla tachado sin valorar ni siquiera los imanes que la traía después de cada uno de sus viajes.
-¿Qué?
Entonces, la chica del moño, se colgó su bandolera y se puso en pie.
-Que te comas tus sandalias en época de exámenes y tus lágrimas de María Magdalena. - caminó unos metros hacia arriba - ¡Ah! Y también, si quieres, cómete mi vida. Que parece que te gusta más que la tuya.





Qui habet aures audiendi, audiat. 







Quería destruir todas las hermosas cosas que nunca tendría. Incendiar las selvas tropicales del Amazonas. Provocar emisiones de clorofluorocarbonos que destruyan el ozono. Abrir las válvulas de los contenedores de los super pretoleros y vertir directamente al océano el crudo de los pozos pretolíferos. Quería matar a todos los peces que no podía permitirme comer, y empantanar las playas francesas que jamás llegaría a ver. Quería meterle una bala entre ceja y ceja a todos los osos panda en peligro de extinción que no se decidían a follar para salvar su especie, y a las ballenas y delfines que se dejaban morir embarrancando en las playas. Deseaba respirar humo. Deseaba incendiar el Louvre; volver a esculpir las esculturas de Fidias del Partenón con una almádena y limpiarme el culo con la Mona Lisa. Mi mundo, el mío, y todos los antepasados están muertos.
(El club de la lucha)



9/04/2010

Una ensalada de corazón no es siempre mejor que un buffet libre de sentimientos


¿Qué hay ahí dentro que no te deja respirar? El miedo es lo que se siente cuando ya no puedes hacer nada.




" Cuando miras a una persona, cuando la miras de verdad puedes ver el 50% de lo que es. Querer descubrir el resto es lo que estropea las cosas. "
(Mi vida sin mí.)

8/31/2010

Entra la luz de Septiembre


Podía ver desde la ventana todo el patio central del hotel, con sombra de árboles y fuentes de arco iris. Cuando abrió la puerta de la terraza y sacó un pie, el angular de su pie derecho rozó el cèsped de un antiguo cortijo en piedra gris rosácea con isletas de arbustos, el rancho también tenía las mismas flores. En el centro, un pequeño lago en el que ahogar la minifalda que llevaba Jen aquel día atravesaba el puente que conectaba los dos caserones por el primer piso.
Atrás, en la última esquina del escondite, en el recoveco más alejado, hay un cesto con cuatro toallas amarillas y blancas enrolladas con un lazo al borde de una piscina de agua azul cristalina que hace deslumbrar la tez de aquel chico.
Jack la esperaba tumbado intentando no consumir el aliento de ese cigarrillo que sostenía en la mano izquierda. Ella le podía ver desde lo lejos, recostado con sus gafas de sol leyendo algo que de banal se hacía interesante. 
-Conseguirás que el obligo me llore y la sonrisa se balancee. - le dijo ella sentándose a sus pies.
La miró, en un gesto pausado y alentador se quitó las gafas de sol y la tocó la espalda como si estuviera acariciando a la más suave de las sedas traídas desde la ruta. 
-¿Café sólo o con leche?
-Un martini seco.- le contestó - Atrévete a robarme el aliento.





-Chatembour se ha ido a vivir e un árbol con un mandril.
-¿Macho o hembra?
-Hembra, por su puesto, Chatembour es muy normal.
(Memorias de África)

8/25/2010

El 50% de mi otra mitad lo perdí junto a esta que ya no siento.



Lía cogió su cámara de fotos y cautelosa se asomó al universo de los ojos de Teo viajando entre sus pupilas hasta dilatarle todo el chocolate y comérselo a bocados. Los dejó completamente ahogados en un abismo, negros como el final de un túnel.
Su historia empezó meses atrás, entre rejas y pinceladas de semáforos parpadeando y ella consiguió atraparle con sus cadenas de la manera más sutil y dulce que jamás ha existido, como las historias de las películas. Y ella, ferviente por buscar unos brazos en los que arroparse no cumplió con su parte. Sabía que tenía que desvanecerse, emigrar a la otra acera para no volver a rozar su tacto y aún así se puso su sudadera, apoyó la oreja en su pecho y buscó sus pies con los suyos intentando tocar la máxima piel posible.
Sus caderas anchas, sus piernas suaves, el olor de su aliento y la sutileza de sus movimientos tan femeninos luchaban contra la sensación de hurto cuando la miraban por la calle. Y Lía, qué decir de Lía si soñaba con los hoyuelos de sus mejillas, con la sinceridad de sus abrazos y con todas las sonrisas sin control que la provocaba.
Teo y Lía fueron protagonistas de un film de adolescentes, del sueño de un millón de matrimonios, saltaron juntos la muralla china, volaron montados en una barca de papel y frenaron el tiempo tumbados en su cama mirando al techo.
Mañana Lía estará al otro lado del mundo, tumbada en una cama que desconoce y no pudiendo oler el aroma del cuerpo en el que se enraizó. ¿Y Teo? Teo abrirá la puerta de un espacio que ya nunca podrá llamar casa. 




"¿Sabes qué? a la mierda estos concursos. La vida es un puto concurso de belleza detrás de otro. El instituto, la universidad, luego el trabajo... A tomar por culo. Y a la mierda la academia de pilotos. Si quiero volar, ya buscaré el modo de hacerlo.
Hay que hacer lo que te gusta. Y a la mierda lo demás."
Little Miss Sunshine.

8/21/2010

(Ñ) de España o de Ñoño


Alicia se ha calzado unas deportivas y se ha echado a la calle en pleno mes de Agosto. 
Si hubiese tenido una oportunidad la habría podido dejar resbalar lentamente entre los largos surcos de sus tobillos. 
Se fija en las líneas que forman las nubes grisáceas en un cielo que invoca a la noche del verano. Sube a través de una callejuela estrecha con las casas pintadas de blanco y madera sin lijar en las puertas.
¿Habrá tiempo para todo? 
Se agacha lentamente a abrocharse el cordón que se había soltado un par de portales más atrás y encuentra en el suelo un pedazo de vidrio verde. El miedo de las decisiones que condicionan, la inevitabilidad de las bajadas sin freno de mano. Lo coge entre su índice y su pulgar y en un leve movimiento de torpeza siente cómo atraviesa su dedo naciendo una raja que comienza a sangrar. Se mira la mano, inmóvil, y ve cómo caen las gotas al suelo, entre sus zapatillas nuevas, creando una especie de charco que la ata a la tierra de una manera que nunca antes había bailado.
Pero es siempre ella, lo imprevisible vestido en un traje de volantes con el pelo suelto para chocar contra el viento.
Sonríe, chupa su sangre y vuelve a echar a correr. 





La abeja y la avispa liban las mismas flores, pero no logran la misma miel.
(Joseph Joubert)